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martes, 13 de diciembre de 2016

Teatro moderno japonés, de 1920 a 1945. El shingeki, VI

El teatro japonés moderno, el “nuevo teatro” o shingeki. El  Haiyū-za
En el anterior artículo comenté el nacimiento de la compañía Bungaku-za y hoy hablaré de la otra grande del shingeki, el Haiyū-za, y su padre fundador, Senda Koreya.

Senda Koreya (1904-1995)
Senda Koreya, seudónimo de Itō Kunio, fue un ejemplo de longevidad profesional en el mundo del teatro y del cine, pues a los noventa años todavía estaba activo en su compañía. Nacido en una solvente familia, tuvo varios hermanos artistas. El mayor estudió danza en Alemania y se trasladó a Norteamérica para trabajar como coreógrafo, el segundo se dedicó a la creación de escenografías y el menor fue compositor.

Senda Koreya el 22 de diciembre de 1948.
Foto: Wikimedia Commons.
En 1927, Senda viajó a Alemania, donde confraternizó con el movimiento comunista y conoció a Piscator, quien le permitió asistir a los ensayos de sus obras. En 1931 regresó a Japón y creó su propia compañía, la Tōkyō Engeki Shūdan, con la que al año siguiente estrenó dos montajes en los que actuó como protagonista: La ópera de los cuatro cuartos de Brecht, que había podido ver en Berlín y tradujo él mismo, y Hamlet.

Por esa época, en Japón se respiraba un ambiente prebélico. Aunque los japoneses todavía no habían entrado en la guerra mundial, ya estaban embarcados en la invasión de Manchuria iniciada en 1931, y seis años más tarde, en 1937, declararían la guerra contra China. Como resultado de esa atmósfera y de las conocidas tendencias izquierdistas de Senda, a poco del estreno de Hamlet se le prohibió realizar más funciones.

Senda fue uno de los artistas de shingeki encarcelado en las redadas de 1940 contra comediantes y compañías que se consideraban subversivas. En 1942, muchos de ellos fueron liberados con el compromiso público de repudiar su anterior ideología y aceptar la oficial. Tras el final de la guerra, los que realizaron esa promesa se encontraron en una situación difícil. Pero este tema lo dejo aquí porque lo trataré en las próximas semanas.

El Haiyū-za o Teatro de Actores
Tras esos años en prisión, cuando Senda fue liberado, en 1942, entendió que la función social del teatro no podría llevarse a cabo si los actores no dominaban su técnica. Para ello, decidió primero crear una escuela de arte dramático y luego formar su propia troupe. En 1944, junto con Tōno Eijirō (1907-1994), Ozawa Eitarō (1909-1988) y Aoyama Sugisaku (1889-1956), fundó la compañía que le dio fama y renombre hasta su muerte, el Haiyū-za o Teatro de Actores.

El Haiyū-za fue uno de los últimos grupos teatrales en aparecer durante el lustro que duró la Guerra del Pacífico. En sus comienzos, muchos de sus integrantes eran antiguos componentes del Tsukiji Shōgekijō, como el mismo Senda. Dado que se trata de una de las compañías históricas todavía en activo, volveré a hablar de ella cuando entremos en los años de posguerra. Eso será a partir del siguiente artículo.

El mérito del shingeki
Las dos grandes troupes  de shingeki, el Bungaku-za y el Haiyū-za, entendieron desde un principio que las tradicionales formas literarias y escénicas japonesas no podían mantenerse indefinidamente como único medio de expresión. La modernización social y técnica del país no lo aceptaba.

El kabuki, el y el kyōgen se caracterizaban por ser arquetipos inamovibles situados en las antípodas de los modelos europeos. Hasta entonces, en muchas de las formas escénicas japonesas, las fuerzas demiúrgicas o los absolutos morales imponían unas reglas a las que indefectiblemente debían plegarse sus personajes. Por el contrario, en Europa, siempre se planteaba un relativismo ideológico que conducía al escepticismo y a la duda constante. Las obras de kabuki se limitaban a mostrar hechos incuestionables. El teatro occidental buscaba demostrar convicciones que siempre iban más allá.

El shingeki se propuso romper todos los esquemas y presupuestos de la escena tradicional japonesa. Eso fue lo que deseaba Osanai, quien ya en 1926 había dicho a sus actores del Pequeño Teatro de Tsukiji: “Tenemos que destruir los esquemas del kabuki, debemos crear nuestra propia y distinta forma teatral.” A finales de los años treinta del siglo XX, el shingeki había conseguido gran parte de ese propósito gracias tanto a los planteamientos del denominado realismo psicológico de Kishida, como a los del realismo socialista de Kubo Sakae (1900-1958).

Kubo Sakae había sido discípulo de Hijikata y sobre todo de Osanai, a quien dedicó su obra más emblemática, Kazanbai-chi, traducida como El país de las cenizas volcánicas. Estrenada en 1938, esa pieza se convirtió muy pronto en una de las más representativas del nuevo teatro y una de las primeras en reponerse tras la guerra. Pero esto es otra historia que comentaré en la  siguiente entrega, cuando hable del reinicio de la actividad teatral moderna a partir de 1945.

Entre mediados de los años treinta y el final de la contienda mundial en 1945, la actividad escénica en Japón estuvo muy limitada y sobre todo muy concentrada en las formas tradicionales, especialmente en el teatro kabuki. Sin embargo, muchas de esas obras se basaban en temas de la guerra en que estaba embarcado Japón y sus personajes aparecían con indumentaria moderna militar, como se aprecia en la ilustración siguiente.

Escena de El comandante del carro de combate Nishizumi, 1940, Tōkyō Gekijō. 
Foto en James R. Brandon: Kabuki’s Forgotten War 1931-1945
Honolulu: University of Hawai’i Press, 2009.

En la fotografía anterior vemos una escena de la obra de Kikuchi Kan (1888-1948) El comandante del carro de combate Nishizumi, estrenada en marzo de 1940 en el Tōkyō Gekijō. El oficial Nishizumi, encarnado por Ichikawa Ennosuke II, aparece dentro de su carro blindado, herido de muerte y dando instrucciones a sus subalternos, interpretados por los actores Kataoka Ichizō V (1916-1991), Ichikawa Danshirō III (1908-1963) y Morita Kanya XIV (1907-1975).

No es mi intención extenderme más sobre la actividad teatral japonesa durante la guerra mundial, sino solo dar esa pincelada para constatar cómo los actores de kabuki se vieron en la tesitura de encarnar papeles muy alejados de los tradicionales.

Con este artículo concluyo la primera parte de esta serie consagrada al teatro japonés del siglo XX. Como ya he dicho, dentro de dos semanas veremos el escenario, nunca mejor dicho, de la actividad teatral nipona tras el final de la Segunda Guerra Mundial.