SERIES

martes, 6 de septiembre de 2016

Teatro moderno japonés, los inicios, de 1868 a 1920. El shinpa, I

El teatro japonés moderno, introducción 
Comienzo hoy una nueva serie consagrada al teatro japonés creado desde el último cuarto del siglo XIX hasta los años ochenta del XX. Espero que en otra ocasión pueda dedicar algunos artículos al realizado a partir de las últimas décadas de la pasada centuria. Creo que es un tema muy poco conocido por nuestros lares y del que vale la pena hacer una mínima introducción. Me voy a centrar únicamente en la historia de las compañías y sus directores, así como en los aspectos escénicos de sus montajes, pero no en los literarios.

Como hago casi siempre, he preferido realizar un recorrido cronológico desde lo que se considera que es el inicio de la occidentalización teatral en Japón hasta llegar casi a finales del siglo XX. Será una serie de veintiséis artículos que irán apareciendo cada quince días, pero que solo darán una muy sucinta idea del tema. Sinceramente, es imposible pretender ofrecer ni tan siquiera una simple relación de la ingente cantidad de obras, compañías, movimientos, directores y actores aparecidos en Japón no solo desde finales del siglo XIX, sino incluso en los últimos setenta años. De todas formas, creo que es mejor poco que nada.

Después de las series que consagré al teatro kabuki y al , algunos lectores de mi blog me han solicitado que escriba algo sobre el teatro japonés creado a partir de los años cincuenta del pasado siglo. Sin embargo, he pensado que antes de hablar de esa época deberíamos ver, al menos superficialmente, cómo nació el teatro moderno en Japón. Por eso me he decidido a publicar estos artículos. Así pues, comenzaremos viendo qué ocurrió desde el periodo Meiji (1868-1912) hasta el final de la guerra mundial en lo que se refiere a las artes escénicas de “estilo occidental”. Es decir, no hablaré de lo que pasaba durante esos años en el mundo del teatro tradicional japonés, ya fuese kabukikyōgen o , aunque, como veremos, en algunos casos no resultaba muy claro discernir si el espectáculo pertenecía a uno u otro mundo.

Teatro tradicional y teatro moderno
Es bien cierto que en este blog aún no he hablado del bunraku o teatro de marionetas, ni del kyōgen, esas pequeñas obras a modo de entremeses cómicos que se representan normalmente como entreactos en una función de ; pero todo llegará. De todas maneras, hay que remarcar quea principios del siglo XX, también aparecieron obras y puestas en escena de kabuki y kyōgen con planteamientos que rompían los esquemas clásicos, otro tema que, aunque muy interesante, tampoco trataré de momento.

Fotografías y vídeos
En las dos series de mi blog consagradas al teatro  y al kabuki, preferí insertar unos clips de vídeo de sendas representaciones en vez de escribir páginas y páginas de explicaciones sobre unos espectáculos que apenas se han visto en nuestro país y de los que tenemos escasas referencias visuales. No obstante, en estos nuevos artículos no será así. Primero, porque estamos hablando de unas formas teatrales que bebieron en fuentes occidentales, utilizaron un lenguaje similar y, más o menos, nos resultan familiares. Segundo, porque en muchos casos no existen grabaciones de ningún tipo. Así pues, nos conformaremos solo con algunas fotografías y clips videográficos.

Las salas de teatro
Para situarnos un poco, tendríamos que tener en cuenta que, en el último cuarto del siglo XIX, Europa también experimentó una importante renovación del mundo teatral. Por citar solo dos que afectaron a la arquitectura, la ópera Garnier de París se inauguró en 1875, y el Festspielhaus de Bayreuth, en 1876. Esa fue una década en la que se abrieron un gran número de salas privadas por todo el Viejo Continente.

Por esos mismos años, Japón convirtió al kabuki en el espectáculo escénico oficial y el más representativo de la cultura del periodo Edo (1603-1868). Todas las personalidades extranjeras que visitaban el país acudían sin falta al Shintomi-za, el teatro de Tokio con las mejores instalaciones del momento y que, a raíz de su traslado a una nueva zona en 1872, había cambiado su antiguo nombre de Morita-za. En julio de 1879, el expresidente de los Estados Unidos de Norteamérica, el general Grant, fue uno de esos distinguidos invitados. 

El teatro de kabuki Shintomi-za. Tokio, c. 1880. Foto: Wikimedia Commons.

No existía en Europa ninguna sala, ni siquiera las de París o Bayreuth mencionadas, que superara en prestaciones técnicas a la de Tokio. El Shintomi-za tenía una caja escénica de más de treinta por cuarenta metros de superficie, con una boca de quince, y podía acomodar casi dos mil espectadores. En lo que se refiere a las instalaciones, contaba con una escena giratoria, varias plataformas elevadoras e incluso iluminación a gas. Su primera representación nocturna tuvo lugar en 1878. La fotografía anterior es de ese teatro.

La siguiente ilustración es de una postal de la época donde se muestra la fachada de acceso del teatro Kabuki-za de Tokio, todavía hoy existente y recién reconstruido en 2013 con los últimos adelantos en maquinaria escénica que ya quisieran para sí muchos teatros de ópera occidentales. La fotografía fue tomada en el año 1911, poco antes de que un incendio lo destruyera totalmente.

El teatro de Kabuki-za. Tokio, 1911. Foto: Wikimedia Commons.

La siguiente ilustración, de 1895, es de una representación, llevada a cabo en el mencionado teatro Kabuki-za de Tokio, de una pieza clásica de kabuki titulada Shibaraku. La boca escénica del Kabuki-za medía unos impresionantes veintidós metros de anchura y fue la primera sala japonesa que dispuso de iluminación eléctrica, pues el Shintomi-za la tenía a gas.

El vestuario del protagonista de esa obra es uno de los más espectaculares del repertorio. El actor que encarna el personaje, nada más entrar en escena a través de la pasarela hanamichi, pronuncia gritando con voz ronca la palabra shibaraku, que significa ¡un momento! Cuando, ya en el escenario central, se sitúa frente al malvado de turno, despliega sus más que gigantescas mangas en las que aparece bordado, también a enorme tamaño, el emblema de la estirpe de actores que representó por primera vez ese papel, los Ichikawa Danjurō. En un artículo anterior  sobre el grabado japonés inserté una ilustración de este personaje del kabuki.

Representación de Shibaraku en el Kabuki-za. Tokio, 1895. Obsérvese que el público está mirando hacia la izquierda, donde se encuentra la pasarela por donde está entrando el protagonista, fuera del encuadre de la fotografía. Foto: Wikimedia Commons.

La occidentalización del teatro japonés
Como expliqué en mi serie sobre pintura moderna, hacia 1880, Japón estaba embarcado en grandes cambios sociales y artísticos. En esa época, el kabuki era la forma teatral japonesa por excelencia y su modernización solo afectaba a algunas obras que ya no se basaban en temas históricos o de la aristocracia, sino en la vida de la gente corriente. Esas piezas se denominaban sewamono o dramas modernos, en contraposición a las de temas históricos conocidas como jidaimono.

Resultaba obvio que el kabuki, con su sofisticada estilización del vestuario, su clásica escenografía y su extremadamente codificada técnica de los actores, no parecía avenirse muy bien con las nuevas ideas que traía consigo la restauración Meiji. Los intentos de innovación, llevados a cabo para acercarlo a los patrones realistas occidentales del teatro hablado, no tuvieron mucho éxito.

Pero el mundo teatral japonés no podía ser diferente del de la pintura u otras artes. Los aires renovadores de los años meiji también empezaron a desplazar o, al menos, coexistir con las formas escénicas tradicionales. El kabuki, como el , el kyōgen y el bunraku eran, cada uno en su medio, mundos cerrados y perfectos que resultaba imposible modernizar. Si bien es bien cierto que eso se intentó, los resultados no siempre estuvieron a la altura del modelo de partida.

Ese es un tema fascinante que, en el mundo del teatro, se ha vuelto a plantear con el cambio del siglo XX al XXI. Desde hace ya algunos años, esos intentos de fusión de lo tradicional japonés con lo moderno occidental han conseguido resultados muy interesantes en ambos sentidos. Es decir, tanto se han montado obras japonesas con técnicas occidentales, como de teatro occidental con métodos japoneses. Pero volvamos a donde estábamos, a finales del XIX.

El shinpa o “nueva escuela”
Los primeros intentos de modernización de la escena japonesa dieron lugar a un tipo de espectáculo, a medio camino entre el teatro kabuki y el occidental, que intentaba incorporar las técnicas de actor y la concepción realista de los dramas europeos en los montajes nipones. Las obras que seguían ese modelo se denominaron shinpa, vocablo que suele traducirse como “nueva escuela” o también, en su acepción completa, “nueva escuela de teatro”, es decir, shinpageki, en contraposición a la “vieja escuela” o kyūha, representada por el kabuki. El mérito de ser el fundador del shinpa, se otorga a Sudō Sadanori.

Sudō Sadanori (1867-1907)
Sudō Sadanori fue policía, periodista y sobre todo un activista de izquierdas que descubrió muy pronto que el teatro podía ser un medio de difusión de sus ideas en favor del cambio social. Cuando, en 1884, el Gobierno japonés disolvió el Partido Liberal (Jiyūtō), en el que militaba Sudō, este decidió crear una compañía teatral con aficionados que habían pertenecido a dicha agrupación política. La denominó Dainippon geigeki kyōfūkai o Sociedad del Gran Japón por la Reforma del Teatro.

Retrato de Sudō Sadanori.
Foto: Wikimedia Commons.
 
En diciembre de 1888, Sudō presentó en Osaka su flamante troupe teatral con el propósito de difundir las costumbres modernas, las ideas de libertad y los derechos del hombre. Sin embargo, su deseada renovación teatral se topó con un fuerte inconveniente: no contaba con actores profesionales y, sobre todo, se enfrentaba a la inexistencia de actrices, pues, como sabemos, en el kabuki no actuaban mujeres. Es decir, su compañía únicamente podía recurrir a aficionados que no habían estudiado el oficio de actor, ni conocido las técnicas modernas, ni visto otro teatro que no fuera el kabuki. En consecuencia, en la mayoría de los casos, el resultado no pasó de ser una experiencia poco gratificante, aunque imprescindible como germen de la buscada modernización.

Durante casi veinte años, hasta su muerte, Sudō recorrió con su troupe gran parte de Japón con poco éxito. No obstante, no se le pueden negar su empuje, ilusión y el haber sido el primero en empezar a cambiar ciertas costumbres. Fue pionero en dar la oportunidad de actuar a las mujeres; en sus representaciones oscurecía la sala, algo insólito en la época; iluminaba el escenario de una manera mucho más variada que la tradicional y, sobre todo, trataba casi siempre temas sociales del momento. Estaba naciendo un nuevo teatro en Japón.

Llegado a este punto, prefiero dejar para la siguiente entrega el continuar hablando del shinpa y de su otro gran pionero, Kawakami Otojirō. Eso será dentro de catorce días.