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martes, 23 de agosto de 2016

Constantes en la arquitectura japonesa, tradición y modernidad, IX

Las constantes japonesas en arquitectos actuales, II 
En el anterior artículo hablé de sendos edificios de Andō Tadao y del estudio SANAA. Hoy toca hacer lo mismo de Itō Toyo y Kuma Kengo. Esta vez solo me centraré en cómo se manifiesta la idea de indefinición en sus obras.

Itō Toyo (1941- )
Itō Toyo es otro de los japoneses laureado con el prestigioso Premio Pritzker de Arquitectura en el año 2013. Para mi exposición, voy a elegir su Mediateca de Sendai del 2001, una obra que marcó un hito en su carrera. Se trata de un edificio que se desarrolla en dos sótanos y seis pisos destinados a biblioteca, salas de exposiciones y espacios de recursos audiovisuales.

Itō Toyo: Mediateca de Sendai, 2001. 
Foto: Sakaguchi Hirō, en Toyo Ito le opere i progetti gli scritti. Electa, 2001.

Indefinición
Según manifestaciones del propio arquitecto, desde el principio de su proyecto intentó mantener la indefinición y fusión espacial entre interior y exterior. Itō no solo utilizó fachadas de vidrio, sino que la planta baja la transformó en una verdadera ampliación de la vía pública.

Para lograr ese efecto no era suficiente acristalar todo su cerramiento, por lo cual ideó un sistema estructural singular y muy imaginativo que prescindía de los pilares convencionales, o mejor dicho, iba mucho más allá de su tradicional forma prismática o cilíndrica. La idea de partida de Itō surgió del entorno, y en concreto de los grandes árboles que flanquean la avenida frente a la fachada principal de la Mediateca. En la fotografía siguiente se aprecia uno de los grandes zelkova de esa calle recortándose sobre la gran superficie acristalada del edificio, así como unos "extraños troncos" metálicos tras su transparente fachada.

Itō Toyo: Mediateca de Sendai, 2001. Foto: RIBA en archdaily.com.

Como dijo el mismo Itō en una ocasión, su innovadora propuesta le creó muchos quebraderos de cabeza con los técnicos funcionarios que debían aprobar su idoneidad estructural y certificar su cumplimiento de las estrictas normas niponas.

Desde la avenida arbolada frente al edificio, la primera visión que se tiene de él resulta chocante. Tras su transparente fachada se aprecian unas inesperadas figuras irregulares creadas con tubos metálicos inclinados aleatoriamente y que recuerdan las ramas de los zelkova del exterior, una imagen muy evidente cuando estos han perdido sus hojas. En la foto siguiente se aprecian dos de esos “pilares arbóreos”.

Itō Toyo: Mediateca de Sendai, 2001. Foto: Denis Gilbert, en Architectural Review, octubre 2001. 

Pero si, tras acceder al edificio, nos volvemos para contemplar la avenida, el parentesco entre sus árboles y los insólitos tubos metálicos resulta aún más evidente. Unos son el eco de los otros. En toda la mediateca, la fusión del espacio exterior e interior se produce en los dos sentidos. De esa manera, Itō dio un paso más en esa ancestral característica japonesa de la indefinición de los límites.

Itō Toyo: Mediateca de Sendai, 2001. Ilustración: Itō Toyo, en archdaily.com.

Otro aspecto de la indefinición, aunque mejor debería decir de la ambigüedad, se encuentra en la propia estructura del edificio. Los pilares tal y como se han entendido desde siempre han desaparecido, aunque están delante de nosotros. Ya no vemos macizas columnas de obvia verticalidad. En su lugar, Itō Toyo creó unos huecos de casi dos metros de diámetro que perforan todos los pisos y en cuyo perímetro colocó unos tubos metálicos, casi ninguno verticalmente, que insinúan superficies helicoidales. Gracias a esa sorprendente solución, los techos y suelos de la mediateca parecen suspendidos en el aire, una visión que se acentúa de noche con el reflejo de los diferentes colores de cada planta.

Kuma Kengo (1954- )
Voy ahora a comentar otro ejemplo de indefinición llevada al límite. Se trata de una obra del arquitecto Kuma Kengo: la Casa agua-vidrio en Atami, de 1995, un edificio donde la fusión espacial alcanza niveles casi inverosímiles. El proyecto desarrolla un programa muy extenso, del que, en su día, se hizo internacionalmente famoso su salón comedor debido a su sorprendente inmaterialidad.

Kuma Kengō: Casa agua-vidrio, 1995. Atami, prefectura de Shizuoka 
Foto: Fujitsuka Mitsumasa, en Luigi Alini: Kuma Kengo. Opere e progetti. Electa, 2005.

Indefinición
En la Casa agua-vidrio de Kuma, la transparencia y, como consecuencia, la indefinición visual de los límites entre las diferentes zonas alcanzan el máximo imaginable en la sala oval situada en su tercer nivel. Mientras en algunos espacios de la vivienda se recurre al empleo de puertas correderas tradicionales, en otros se utiliza el vidrio de manera extensiva. Paredes, suelos, peldaños, lavabos, encimeras, mesas, sillas, incluso las piedras de su jardín son de vidrio.

Kuma Kengō: Casa Agua-vidrio, 1995. Atami, prefectura de Shizuoka
Foto: Michael Freeman, en michaelfreemanphoto.com.

Kuma aprovecha el espléndido emplazamiento del solar para crear un salón totalmente suspendido en un entorno irreal, rodeado solo de agua y aire, de ahí el nombre por el que se conoce internacionalmente a este edificio. No se puede ir más lejos en la clásica indefinición japonesa entre interior y exterior. Todo parece flotar entre el cielo y el mar. Kuma ha creado un sorprendente trompe l’oeil llevado a sus últimas consecuencias. Y lo consigue utilizando de manera inteligente las más modernas tecnologías del vidrio.

Kuma Kengō: Casa Agua-vidrio, 1995. Atami, prefectura de Shizuoka 
Foto: Michael Freeman, en michaelfreemanphoto.com.

Con este etéreo ejemplo cierro el círculo que inicié al principio de esta serie, hace ya meses, cuando mencioné a Bruno Taut, el arquitecto alemán que vivió en Japón entre 1933 y 1936. Allí comenté su admiración por la Villa Imperial de Katsura en Kioto. Pues bien, Kuma ha reconocido que para su proyecto en Atami se inspiró en las interpretaciones que Taut sobre Katsura. El homenaje que el alemán hizo a Katsura, se lo devuelve su colega nipón setenta años más tarde.

A modo de conclusión
Por supuesto que no todos los edificios modernos japoneses satisfacen los conceptos o rasgos que he mencionado a lo largo de esta serie. Es más, para justificar su existencia y permanencia he recurrido a obras de gran nivel artístico, una cualidad escasa en todas las actividades del hombre. Por eso, el maestro Tange Kenzō ponía en cuestión muchos de esos conceptos o cualidades que se atribuyen a la arquitectura clásica de Japón, y que yo mismo, ahora, me he obsesionado en descubrir también en la actual.

Tange manifestaba que la tan recurrida fluidez espacial y la comunión interior exterior de los edificios antiguos de su país, lo que yo he denominado indefinición espacial, eran mixtificaciones ideadas por especialistas occidentales. ¡Vaya, mi gozo en un pozo!

Su afirmación se basaba en que los académicos o investigadores no japoneses, para elaborar sus teorías, solo seleccionaban las residencias de la nobleza y de los señores feudales, quienes priorizaban la belleza frente a lo práctico porque su posición les permitía aceptar que sus viviendas no fueran funcionales y que no tuvieran sólidas paredes que les resguardaran de las inclemencias del tiempo. Algo que los campesinos y gente humilde no podían consentir, y la razón por la cual sus casas rurales sí tenían muros que cerraban y protegían las habitaciones del exterior. Para ellos lo funcional era irrenunciable. En los hogares del pueblo llano no existía la fluidez interior exterior tan admirada y aclamada por los arquitectos occidentales.

Ese planteamiento de Tange es correcto, pero lo mismo podría decirse del entorno antiguo europeo. En los libros de arte se analizan casi exclusivamente palacios, iglesias o castillos, todos ellos propiedad de la aristocracia o del alto clero de cada época. No muy a menudo se estudian las construcciones populares. Las teorías sobre la arquitectura casi siempre se han extraído y elaborado interpretando obras de los grandes artistas, yo también lo he hecho en esta ocasión.

Curiosamente, si tomamos como referencia las pretendidas constantes que he comentado a lo largo de estos meses, a mí me parece que la arquitectura “popular” europea está más cerca de la “aristocrática” nipona que la clásica.

Hay que reconocer, sin embargo, que las manifestaciones de Tange iban un poco a contracorriente, una actitud que debe mantener todo artista si desea avanzar en su especialidad y no repetir modelos antiguos. Eso fue lo que hizo él en su larga carrera, que comenté en una amplia serie de este blog, y eso lo siguen haciendo los más jóvenes y radicales arquitectos japoneses actuales, alejarse de sus paradigmas tradicionales; aunque a ojos de un extranjero, como yo, su trabajo siga siendo cien por cien nipón, algo que no es en absoluto un desdoro, sino todo lo contrario.

Con esto concluyo esta colección de artículos sobre algunos aspectos recurrentes en la arquitectura japonesa de todos los tiempos. Reconozco que mis interpretaciones pueden haber sido un poco “cogidas por los pelos”, pero sinceramente creo que sí existen en los buenos edificios de Japón ciertos rasgos muy singulares. Unas veces son muy claros; otras, no tanto, como todo en este mundo.

Dentro de quince días iniciaré otra serie dedicada a un tema nuevo en mi blog: el nacimiento del teatro moderno de Japón. Creo que será interesante. Hasta entonces.