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martes, 28 de julio de 2015

Pintura japonesa: el grabado japonés ukiyo-e, IV

La pintura en el periodo Edo, los pioneros del grabado ukiyo-e, II 
Enlazando con el artículo de la semana anterior, voy a acabar este capítulo dedicado a los pioneros del ukiyo-e, comentando la obra de dos artistas.

Kaigetsudō Ando
Kaigetsudō Ando (1671-1743) nunca realizó grabados en madera, sino únicamente pinturas sobre seda, lo que, si no somos demasiado estrictos, no impide incluirlas en el apartado ukiyo-e, dado que este término, como ya dije en el primer artículo de esta serie, se refiere más al tema de la obra que a su técnica, aunque no se puede negar que gran parte del éxito que alcanzó el ukiyo-e se debió, además de a las amplias posibilidades de la estampación polícroma y sus múltiples efectos de acabado, a sus grandes tiradas.

martes, 21 de julio de 2015

Pintura japonesa: el grabado japonés ukiyo-e, III

La pintura en el periodo Edo, los pioneros del grabado ukiyo-e, I
Enlazando con el artículo de la semana anterior, hoy comentaré someramente la obra de dos de los considerados pioneros del grabado polícromo japonés.

Hishikawa Moronobu
Después del cambio de opinión respecto a quién pudo haber sido el primero en mostrar el mundo flotante en la pintura japonesa, hoy día las apuestas de los especialistas parece que se decantan por Hishikawa Moronobu (1618-1694), un artista que como otros muchos también pasó por los talleres de los Kanō y los Tosa.

martes, 14 de julio de 2015

Pintura japonesa: el grabado japonés ukiyo-e, II

La pintura en el periodo Edo, características del grabado ukiyo-e
La semana pasada inicié esta serie que consagro al ukiyo-e. El de hoy es el último artículo que dedico a comentar algunos conceptos generales a modo de introducción. El martes próximo ya empezaremos a ver la producción de los artistas más representativos.

Custodia de las obras
En general, las obras pictóricas suelen ser piezas únicas que se exponen en algún museo o institución o forman parte de colecciones privadas. Por ese motivo, cuando se ofrece la información de sus características siempre se incluye el lugar en el que se exhiben o custodian.

Sin embargo, cuando se habla del grabado japonés, como ocurre con el de cualquier otro país, ese dato ya no tiene tanta relevancia, pues no se trata de obras únicas, sino de ejemplares procedentes de una edición para la que se ha impreso un número determinado de láminas. Incluso es posible que se hayan realizado posteriores “tiradas” a partir de las planchas originales.

martes, 7 de julio de 2015

Pintura japonesa: el grabado japonés ukiyo-e, I

La pintura en el periodo Edo, introducción al grabado ukiyo-e
Comienzo hoy una nueva serie dedicada al que, sin lugar a dudas, es el más conocido de todos los tipos de pintura japonesa; aunque seguramente eso ya no sea del todo cierto, pues el ya internacional manga y sus derivados se han convertido en una de las formas de arte popular más difundidas en Japón, como lo fue el ukiyo-e entre 1700 y 1900 aproximadamente. Pero eso del manga es un tema que no voy a tratar en mi blog.

Creo que existen pocas personas que no hayan visto algún grabado japonés con paisajes exóticos, personajes sorprendentes y brillante colorido que les haya sorprendido y al mismo tiempo cautivado. Hoy hablaré del ukiyo-e, es decir de las estampas polícromas japonesas que alcanzaron su máximo esplendor en la primera mitad del siglo XIX, aproximadamente. 

jueves, 2 de julio de 2015

Ramón Rodríguez Llera: "Japón en Occidente"

Libro de arte japonés: relaciones entre la arquitectura nipona y la occidental 

Hoy presento un libro que habla de arquitectura japonesa, aunque no solo japonesa, ni solo de arquitectura. Lo ha escrito Ramón Rodríguez Llera, profesor de Historia del Arte y de la Arquitectura en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Valladolid. El sugerente título elegido por su autor es Japón en Occidente. Arquitecturas y paisajes del imaginario japonés, del exotismo a la modernidad, y ha sido publicado en 2012 por la Universidad de Valladolid.

El texto, que supera las cuatrocientas páginas, se acompaña de más de quinientas ilustraciones de edificios, jardines, pinturas y esculturas. Todo un despliegue gráfico que resulta imprescindible cuando se habla de arte japonés y que todo lector agradece, dada la dificultad de acceder a un tipo de información muy dispersa.