martes, 25 de febrero de 2014

Teatro japonés: la obra de kabuki "Kanjinchō", I

El teatro kabuki, introducción a la obra Kanjinchō
Inicio hoy la serie de artículos que prometí la semana pasada dedicados al teatro japonés y en concreto al kabuki. Mi idea es presentar una obra concreta a través de pequeños cortes videográficos de los que ofreceré su traducción completa.

Como aperitivo hoy mismo acabo de publicar una entrada en la que inserto un pequeño vídeo sobre kabuki patrocinado por la UNESCO. Es muy interesante y aconsejo verlo para "abrir boca", este es su enlace. También hoy, he colocado en el blog una entrada con los datos de mi libro sobre el teatro japonés.

Debo reconocer que, para un occidental sin un buen conocimiento del idioma ni del entorno cultural nipón, asistir a una representación de kabuki exige cierto esfuerzo de concentración, como lo requiere presenciar una ópera europea. No obstante, si quien contempla la obra es un buen aficionado al teatro puedo afirmar que, aunque no entienda el intrincado diálogo de los estupendos actores japoneses, saldrá de la función subyugado por el espectáculo al que ha asistido, y eso aunque no haya descifrado muchas de las claves de su trama argumental.

La intención de los dos primeros artículos de esta serie es interpretar algunas de esas claves de la obra de kabuki que veremos dentro de dos semanas. De esa forma confío que se entienda mucho mejor su desarrollo y, sobre todo, se disfrute con la representación, aunque sea filmada. 

Lo que no voy a hacer aquí es explicar las características escenográficas, dramáticas o técnicas del kabuki, porque he pensado que es mejor “zambullirnos” directamente y sin miedo en el fascinante mundo de una función.

Sin embargo, quien desee conocer algunos de los rasgos más singulares del kabuki y de otras formas teatrales tradicionales de Japón, puede consultar mi libro El teatro japonés y las artes plásticas; es un texto corto y creo que fácil de leer. Al final de este artículo doy varios enlaces para ver sus características e incluso un extracto.

La obra Kanjinchō  
La pieza que he elegido para esta ocasión se titula Kanjinchō y es una de las más apreciadas del todo el repertorio teatral japonés. Esta serie que le dedico constará de diez artículos y, como he dicho, los dos primeros serán introductorios y los ocho restantes incluirán fragmentos videográficos de la obra. Empecemos pues.

Entorno cultural japonés
Antes de explicar el argumento y comentar los extractos de Kanjinchō que insertaré en próximos artículos, debo aclarar mínimamente algunos conceptos sin los cuales se nos escaparían muchos aspectos de la emotiva atmósfera de la obra.

La cultura de Japón, como la europea, ha estado influenciada por las creencias mitológicas y religiosas durante gran parte de su historia. Su impronta en la sociedad no sólo puede observarse en sus costumbres o tradiciones, sino también en su arte y en concreto en su teatro. Precisamente en la obra Kanjinchō existen muchas referencias a la iconografía y liturgia budistas. Voy a comentar algunas de ellas.

Por cierto, supongo que mis lectores ya conocen la serie de artículos dedicados a la escultura budista que publiqué hace varias semanas en este blog. Quizás pueda interesarles ojearlos para tener una idea de las características formales de la escultura religiosa en Japón. Este es el enlace al primero de ellos.

El budismo en Kanjinchō
El protagonista de Kanjinchō es un bonzo llamado Benkei perteneciente a una secta, la de los monjes yamabushi, que fusionó, como diríamos hoy, teorías budistas con sintoístas. La importancia que esa orden concedía a la naturaleza tenía mucho que ver con el papel que desempeñan las montañas, cascadas o árboles en el sintoísmo. Yamabushi podría traducirse como "los que duermen en las montañas".

Monjes yamabushi. Foto: Wikimedia Commons.

Precisamente, a lo largo de la obra Kanjinchō aparecen varias referencias a la energía y fuerza que emanan de acantilados, precipicios y cataratas.

El poder de los yamabushi
Los yamabushi escalaban montañas y oraban bajo frías cascadas para que se les revelara la verdadera esencia de la naturaleza y así aproximarse al ideal budista. Los monjes yamabushi eran vistos como hombres con una gran fuerza no sólo espiritual, sino también física y a veces incluso política. Como consecuencia, su presencia generaba en los campesinos una especie de respeto y temor debido a su imponente apariencia, característica vestimenta y extrañas prácticas.

El protagonista de la obra que veremos dentro de dos semanas, un bonzo yamabushi de nombre Benkei, es un personaje de enorme corpulencia y fuerza que actúa como protector de su señor, ayudándole a atravesar un control policial creado con la intención de apresarle.

Referencias budistas que aparecen en la obra Kanjinchō

Los rezos de los yamabushi
El recitado de palabras a modo de crípticas invocaciones (mantra) permitía a los yamabushi realizar pretendidos milagros, como adivinar el futuro, o exorcismos para expulsar demonios. Los mantra eran originariamente textos en sánscrito que se incorporaron a las prácticas de las sectas budistas.

En cierto momento de la representación de Kanjinchō, el protagonista explica a su oponente, el comandante de la barrera de control que quiere atravesar, el enunciado de las nueve sílabas mágicas que le otorgan el poder de dominar a los fantasmas malignos.

Esa escena la veremos en el clip incluido en el artículo sexto de esta serie, dentro de cinco semanas. Ese corte videográfico es el más extenso de todos los que he seleccionado y el que incluye algunos de los momentos más célebres de la obra.

El templo de Tōdai-ji
Tōdai-ji es un recinto budista, situado en la ciudad de Nara, donde se custodia una gigantesca estatua en bronce de Buda. Es el templo para el que Benkei y sus acompañantes, supuestamente, están haciendo una recolección para su reconstrucción.

Las leyes de la época exigían que los que contribuían económicamente en esas recolectas debían inscribirse en una lista denominada kanjinchō, de ahí proviene el título de la obra. En varios momentos de la representación, tanto Benkei como su oponente, el comandante de la barrera llamado Togashi, se refieren a esa lista y al templo de Tōdai-ji.

La primera alusión a ese monasterio se hace cuando Benkei y sus acompañantes llegan al puesto de control, escena incluida en el clip03 que se verá dentro de cuatro semanas. La segunda referencia aparecerá en el clip 04 del siguiente artículo.

El hábito de los yamabushi
Los yamabushi vestían un atuendo muy característico y en las obras de teatro japonés aparecen siempre de forma muy reconocible. Independientemente de la sofisticación del vestuario de cada montaje, el actor que representa a un monje yamabushi se distinguirá porque de su cuello cuelga una especie de estola con unas grandes borlas (suzukake) y porque se toca con un pequeño birrete negro (tokin).


Borlas y birrete de un yamabushi en kabuki
Foto extraída de la grabación de la obra Kanjinchō.

Precisamente en uno de los momentos de Kanjinchō, el comandante de la barrera que intenta cruzar Benkei le pide que le explique por qué los yamabushi llevan una vestimenta tan diferente del resto de monjes budistas. Su respuesta es críptica y llena de justificaciones relacionadas con la historia del budismo y sus prácticas esotéricas. Eso lo veremos en el clip 04 dentro de cinco semanas.

El dios Fudō
Referencias al dios budista Fudō aparecen varias veces en la obra. Se trata de una deidad representada con aspecto fiero, una soga en una mano, una espada en la otra y rodeado de llamas. Existen varias interpretaciones de su iconografía. La que expliqué en la serie dedicada a la escultura budista era que su daga representaba la inteligencia con la que combatía la ignorancia, mientras que el lazo lo utilizaba para aprisionar a los demonios. Otra versión considera que con el arma corta las ataduras que aprisionan los hombres a las tentaciones, al mismo tiempo que con la soga los conduce hacia la salvación de forma segura. En mi opinión, ambas son muy sugerentes.

El nombre de Fudō se menciona en varios momentos de Kanjinchō. Uno de ellos es en la escena en la que Benkei explica las piezas de su vestimenta, en el ya mencionado clip número 04, donde, además, aparecen otras referencias a esa deidad budista.

Fudō es el patrón de los monjes yamabushi y también de la familia Danjūrō de actores de kabuki. Precisamente, el artista que encarna a Benkei en la función que veremos pertenece a esa estirpe famosa. Su nombre es Ichikawa Danjūrō XII.

Por cierto, Danjūrō XII falleció el 3 de febrero de 2013, hace un año y 22 días. Era el último de los representantes de uno de los más reconocidos linajes de actores de kabuki que se remonta hasta el siglo XVII. Ahora los aficionados deben esperar que alguien con el suficiente prestigio y arte tome su relevo y se convierta en Danjurō XIII; eso sí, antes deberá demostrar que está a la altura de sus predecesores. Quizás su hijo Ichikawa Ebizō XI (1977-) alcance ese honor.

La estirpe de los Ichikawa Danjurō, del I al XII. Foto: Wikimedia Commons

En la ilustración anterior aparecen los doce Ichikawa Danjurō, desde el fundador de la estirpe (1675-1704) hasta el duodécimo (1946-2013). En los ocho primeros grabados se les ve encarnando a diversos personajes de obras de kabuki.

A-un
A y un son la primera y última letra del alfabeto sánscrito que se utilizan al principio y final, respectivamente, de algunas plegarias budistas. Cuando Benkei explica las características de su vestimenta responde crípticamente con esas dos letras a una pregunta de Togashi, el comandante de la barrera de control. Eso lo veremos en el clip número 04.

Los shitennō
En un determinado momento de la obra, los actores ejecutan un movimiento que está claramente relacionado con la iconografía budista. Eso sucede cuando, tras su primer encuentro con Togashi, Benkei y sus cuatro soldados realizan su supuesta última plegaria ante la amenaza de ser ajusticiados. Mientras Benkei se sitúa en el centro de la escena, sus escoltas se apostan a su alrededor en sendas esquinas que simbolizan los puntos cardinales desde donde le protegerán del peligro.

Esa posición de los escuderos rodeando a Benkei rememora los grupos escultóricos de muchos templos budistas, donde cuatro guardianes o reyes celestes (shitennō) o bien protegen a una deidad superior situada en medio o bien custodian los puntos cardinales de su recinto. Hablé de ese tipo de divinidades en varios artículos dedicados a la escultura budista: en el consagrado a su iconografía y en el dedicado a la estatuaria del periodo Heian.

Benkei protegido por sus cuatro soldados como si fueran Fudō y los shitennō, respectivamente. 
Foto extraída de la grabación de la obra Kanjinchō.

También se daba el nombre de shitennō a los servidores de señores feudales que actuaban como leales guardaespaldas y que, en caso necesario, estaban dispuestos a morir junto a su señor. Eso es precisamente lo que veremos al principio del clip 04, cuando los cuatro soldados, disfrazados de monjes, rodeen a su jefe, Benkei.

Asimismo, en el inicio del clip 06 existe otra alusión a esas cuatro deidades que vigilan los puntos cardinales de un recinto budista protegiéndolo de las fuerzas malignas.

La tortuga y la grulla
En Japón, la tortuga y la grulla simbolizan la longevidad y por ello pueden verse no sólo en pinturas y jardines japoneses, sino en ornamentos y diseños de todo tipo como signo de buen augurio. El origen de esa creencia se remonta a tradiciones chinas.

A grandes rasgos, antiguas leyendas de ese país asiático relatan que perdido en el mar, más allá del horizonte, en un lugar desconocido, existía el país de los inmortales; un lugar formado por cinco montañas que flotaban a la deriva apoyadas sobre el caparazón de una gigantesca tortuga y donde los seres humanos, eternamente jóvenes, volaban sobre grullas.

En cierto momento, al final de la obra, Benkei ejecuta una danza, denominada de la longevidad, para agradecer al comandante de la barrera que le haya dejado pasar sin detenerles. Pues bien, en la música que le acompaña, el coro alude a las tortugas como símbolo de larga vida. Eso lo veremos en el clip número 08 que insertaré en el último artículo, el décimo de esta serie.

Bueno, creo que por hoy ya está bien de perorata. He hablado de muchas cosas, pero nada de kabuki. Así pues, creo conveniente hacer una pausa y retomar el tema el martes próximo, cuando prometo entrar ya en materia y comentar la trama argumental de la obra.

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