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martes, 30 de julio de 2013

El jardín japonés: el jardín seco o kare sansui, III

El jardín seco de Ryōan-ji, primera parte
Hace siete días hablé de uno de los primeros ejemplos de jardín seco japonés y hoy lo haré del de Ryōan-ji, un templo de Kioto perteneciente a la orden rinzai del budismo zen. Su jardín seco es no solo el más famoso de Japón, sino uno de los indiscutibles paradigmas de todo el arte nipón y de toda la jardinería mundial.

La primera congregación de Ryōan-ji se instaló en 1450 en un solar con lago que había pertenecido a una familia de nobles del periodo Heian. Unos años más tarde, el templo quedó casi totalmente destruido como consecuencia de las guerras iniciadas en 1467 y que durante un siglo devastaron el país. Sin embargo, antes de que finalizara el siglo XV ya se había reconstruido. En 1797 un incendio lo arrasó de nuevo, tras lo cual se volvieron a levantar tanto sus edificios como, quizás, su jardín seco.

martes, 23 de julio de 2013

El jardín japonés: el jardín seco o kare sansui, II

Los dos jardines de Saihō-ji
Como prometí la semana pasada, voy a hablar hoy de un jardín seco japonés, creado por Musō Soseki, que representó un hito en la evolución de esa tipología también conocida como kare sansui (puede verse junto: karesansui). Me estoy refiriendo al de Saihō-ji en Kioto, un templo situado en unos terrenos que habían albergado una congregación budista de la secta de La Tierra Pura con un jardín que pretendía evocar el Paraíso Occidental, como los de Byōdō-in o Jōruri-ji que comenté respectivamente los días 25 de junio (verlo aquí) y 2 de julio (verlo aquí).

Cuando se construyó Saihō-ji, Japón vivía uno de los momentos de mayor creatividad en la historia de su jardinería. Me estoy refiriendo al periodo Muromachi (1333-1573), una época de inusitado nivel en todas las especialidades artísticas.

martes, 16 de julio de 2013

El jardín japonés: el jardín seco o kare sansui, I

El jardín seco de Zuisen-ji
Después de la introducción de la semana anterior, comienzo hoy una serie dedicada a comentar una de las tipologías que ha despertado más admiración en Occidente: la del jardín seco japonés. El número de publicaciones, estudios y comentarios de todo tipo que tratan este tema es gigantesco, muchos de ellos son realmente serios y concienzudos, pero algunos, lamentablemente, resultan superficiales y tópicos. Espero que mi contribución caiga más cerca de los primeros que de los segundos.

Los denominados jardines secos también se conocen, incluso entre los no especialistas, por su nombre japonés: kare sansui (también se escribe karesansui). La expresión kare-san-sui, significa palabra a palabra “seca-montaña-agua”, y se refiere a un tipo de jardinería en el que las tradicionales colinas y estanques de los parques de la época Heian son sustituidos por elementos “secos”: rocas como “montañas secas” y gravilla como “agua seca”. O dicho de otra forma, es un término que se aplica a jardines donde nunca se emplea agua.

martes, 9 de julio de 2013

El jardín japonés: las rocas

Las piedras en el jardín japonés
Este artículo es una introducción a la serie que dedicaré al jardín seco japonés en próximas semanas. El 7 de mayo, en una entrega consagrada a los orígenes del jardín japonés (para verla clicar aquí), comenté cómo veían los primitivos habitantes de Japón a las rocas y el papel que estas desempeñaban en los recintos sintoístas. Hoy deseo ampliar un poco más el tema.

El pasado día 18 de junio ya me extendí en demasía criticando el excesivo empleo de simbologías, generalmente asociadas a las rocas, para describir o comentar los jardines japoneses, especialmente los denominados jardines secos (para ver ese artículo clicar aquí). Ahora voy a intentar explicar mínimamente qué otra cosa puede encontrarse en una piedra que no sea una simple alegoría.

martes, 2 de julio de 2013

El jardín japonés: jardines del paraíso, III

El jardín japonés de Jōruri-ji
Como continuación lógica del artículo anterior, hoy debo hablar de otro jardín japonés del paraíso: el del modesto Jōruri-ji. En su recinto se levantan un pabellón, que custodia nueve imágenes budistas de Amida, y una pagoda, ambos del siglo XII, como su jardín.

Como no ha sido infrecuente en Japón, tanto el pabellón como la pagoda de Jōruri-ji se trasladaron desde otro templo a su actual emplazamiento, el primero en 1157 y la segunda veinte años más tarde. Los dos se situaron en los extremos de un eje oeste-este deliberadamente elegido para cumplir con la doctrina budista de La Tierra Pura (véase aquí el primer artículo dedicado a los jardines del paraíso y que publiqué el día 18 de junio).